viernes, 19 de octubre de 2007

La obra cuenta...




... que Giselle enferma y muere de amor...

Claro, la obra data de principios del siglo XIX (1835). Un amor idealizado sale a la luz... romántico al fin...
Y a esto no lo puedo dejar de relacionar con algo que escuché por ahí: "Cuando era chica el doctor que me inyectó las vacunas me dijo: Ahora estas inmune a todas las enfermedades... menos al amor..."
¿Se puede llegar a morir de amor? ¿Es el amor una enfermedad?



Por otro lado, y tratando de encontrar una Giselle contemporanea... ¿Cuál es tipo de amor que manejamos? ¿Cómo es el amor hoy?


Ver a un otro pasar, sentirse atraido/a... observarlo, seguirle los pasos por entre la multitud... avanzar hasta llegar a tenerlo cerca, darle esa última tarjeta personal que te queda en la billetera y que nunca conoció más mundo que el del "feliz cumpleaños!" , mirarlo a los ojos y decirle: Perdoname pero no pude evitarlo... y alejarse inmediatamente... ¿Es amor o qué? ¿Atracción express? ¿Un invento de la conciencia? ¿Nada?

5 comentarios:

Germán A. Serain dijo...

Sí, Manu. Se puede llegar a morir de amor. Y se puede llegar a vivir estando enamorado, también. Aunque a menudo nos duela.

Pero debo decirte algo, por más que vos luego me acuses y me digas que aquel que tanto desidealice buen desidealizador será: Cuando hablamos de amor hablamos siempre, inevitablemente, de una proyección imaginaria. No existe nada más allá de esto. En el mejor de los casos, esa proyección imaginaria será recíproca. Y en el mejor de entre los mejores casos, será posible que dure en el tiempo.

¿Es el amor real? Por supuesto que sí. Alguna vez escribí, hablando de René Descartes, el padre del racionalismo, que él señala algo curioso, casi paradójico, sobre lo que le sucede a una persona cualquiera que tiene una pesadilla. Esa persona sueña, por ejemplo, que es perseguida por un monstruo. Es claro y evidente, a la luz de nuestra perspectiva (la de quienes objetivamente analizamos aquello que le sucede a ese soñante), que en realidad no existe monstruo alguno, ni tampoco peligro que justifique su miedo. Todo es producto de una simple ilusión de su mente.

"¿Todo?", preguntaría entonces Descartes. Para tal vez señalar enseguida: "Puede que el monstruo en efecto no exista, y sea sólo el producto de la imaginación de quien sueña. Pero el miedo que siente esa persona en el momento de soñar ese monstruo, ese miedo es absolutamente real."

Bien. Exactamente lo mismo sucede con el amor, Manu. Y por eso vale la pena que intentemos con toda la fuerza y el ímpetu que tengamos aferrarnos a esa ilusión.

¿Te acordás de eso que una vez dije de Baudrillard, que sólo seríamos capaces de poseer verdaderamente a un otro si fuésemos capaces de sentir lo que el otro siente, siendo que eso es imposible, pues sólo podemos sentir por nosotros mismos? Bueno, lo mismo vale para el amor. Sólo podríamos amar verdaderamente al otro si fuese posible llegar verdaderamente hasta él. Y esto no es posible, puesto que nosotros mismos nos desconocemos la mayor parte del tiempo. No amo entonces verdaderamente al otro, sino a lo que veo y/o percibo de él. Y no está mal. Quizás el otro sea imaginario... pero lo que yo siento es real. Así las cosas, de hecho el mundo a venido andando, con gente que muere de amor y gente que es feliz, sin saber que en realidad vive un ideal imaginario.

Germán A. Serain dijo...

Adenda al comentario anterior:

Corrigiendo un parcial, en este preciso momento, me vengo a dar cuenta de que omití un detalle en mis consideraciones de más arriba.

El otro es mera proyección imaginaria en nosotros, tanto como nosotros lo somos en el otro... Pero esa proyección imaginaria nos modifica de un a manera real. Quizás esto se puede leer entre líneas en lo anterior, pero vale la pena dejarlo explicitado.

Yo no amo al otro, sino que amo lo que veo y/o imagino y/o alcanzo a percibir del otro. Pero esta visión me genera cosas, angustias, placeres, dolores, ausencias, que inevitablemente producen un cambio en mi persona. Yo no soy el mismo antes y después de haber conocido a ese otro cuya representación imaginaria es capaz de cambiarme, quitarme el sueño, aparecer en ellos, quitarle sentido a la vida o dárselo cuando antes no había casi nada.

Algo así.

manulandia dijo...

Germán... el desidealizador...
A ver... es muy feo lo que decís, hablar tan científicamente de algo tan tan tan poco descriptible como el amor, es heavy...
Pero... ¿sabés qué? Puede que tengas razón y el amor que siento por el otro sólo sea una proyección imaginaria... pero digo... ¿qué ganamos sabiendo eso? Si aplico lo que me decís, creo que voy a entrar en un estado tal de eceptisismo que nunca me sentiré realmente enamorada, porque pensaré que aquel de quien estoy enamorada no es lo que pienso... y entonces creo que me agarraría un importante "tare"...
A veces la ciencia nos puede alejar del otro y eso es muy triste...
Sabés?: No vinimos a desunir, sino a unir, a generar lazos, puentes, etc....
No me digas que el amor es una proyección imaginaria... que siento que nunca más me voy a enamorar.

Germán A. Serain dijo...

Mo, Manu. No me entendiste. El punto es, precisamente, que NO INTERESA que el amor sea sólo imaginario. Porque lo que uno siente por el otro es innegable, insoslayable, imposible de ser dejado de lado. Por el contrario: te pueden decir "no, Manu, vos estás loca, esa relación que perseguís no tiene futuro, ni pies ni cabeza..." Pero te lo estarán diciendo desde afuera. Y por más sinsentido que sea, la que siente sos vos, y nada podés hacer para evitarlo.

Yo no soy cientificista. Por el contrario, soy un romántico sin remedio. Un estúpido idealista. Y si volvés a leer el final de cada uno de mis dos comentarios a esta entrada, obviando los errores de tipeo, te vas a dar cuenta de que estoy diciéndote que los sentimientos son insoslayables, por más que no se apoyen en realidades tangibles.

Así vos vos, no me digas nunca más que vine a desunir... porque no hay nada más alejado de mi intención ni de las cosas que siento.

manulandia dijo...

Ok. no dije nada...